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Septiembre , número 3 VOL-36 , 2015 Copyright 2015 © Papeles del Psicólogo
ISSN 0214 - 7823

NUEVAS DIRECTRICES SOBRE EL USO DE LOS TESTS: INVESTIGACIÓN, CONTROL DE CALIDAD Y SEGURIDAD

José Muñiz1, Ana Hernández2 y Vicente Ponsoda3

1Universidad de Oviedo. 2Universidad de Valencia. 3Universidad Autónoma de Madrid

Los tests constituyen unas herramientas fundamentales en la práctica profesional de los psicólogos, y como cualquier otra herramienta hay que utilizarla debidamente. La utilidad de los tests se asienta sobre tres pilares básicos: los profesionales deben tener una preparación pertinente, las pruebas unas propiedades psicométricas apropiadas, y el uso que se haga de ellas debe de ser el adecuado. Si se cumplen esos tres requisitos los tests serán de gran ayuda para los psicólogos a la hora de ejercer su profesión. Las universidades y otras instituciones educativas centran sus esfuerzos en la formación de los profesionales, los editores tratan de poner en el mercado las mejores pruebas posibles, y distintas organizaciones nacionales e internacionales se esfuerzan por mejorar el uso que se hace de los instrumentos de medida. Entre estas organizaciones merecen especial mención la Federación Europea de Asociaciones de Psicólogos (EFPA) y la Comisión Internacional de Tests (ITC). A nivel nacional el Consejo General de Psicología de España (COP) colabora estrechamente con la EFPA y la ITC y es miembro de ambas. Estas organizaciones nacionales e internacionales llevan a cabo acciones y proyectos muy variados, los cuales pueden articularse en torno a dos grandes estrategias, que podemos denominar restrictiva e informativa. A continuación se describen brevemente ambas estrategias, siguiendo los trabajos previos de Muñiz y Bartram (2007), Muñiz y Fernández-Hermida (2010) y Muñiz (2012).

La estrategia restrictiva agrupa todo un conjunto de acciones llevadas a cabo para restringir el uso de los tests a aquellos profesionales que están realmente preparados para hacerlo. Los sistemas utilizados varían de unos países a otros (Bartram, 1996; Bartram y Coyne, 1998; Muñiz, Prieto, Almeida y Bartram, 1999), si bien uno de los más habituales en varios países, incluida España, es clasificar los tests siguiendo los criterios de la APA en tres categorías (A, B, C) de menos a más especializados, siendo exclusivo de los psicólogos el uso de los tests de las categorías B (tests colectivos de carácter cognoscitivo y Personalidad) y C (escalas individuales y tests proyectivos). Otra opción utilizada es que los profesionales obtengan una certificación específica en la que acrediten fehacientemente que conocen adecuadamente las pruebas.

Aunque estas restricciones y otras son recomendables, no garantizan por sí solas un uso adecuado de los tests (Moreland, Eyde, Robertson, Primoff y Most, 1995; Simner, 1996), siendo necesario complementar esta estrategia con la difusión de información a todas las partes implicadas, tales como profesionales, usuarios, instituciones, y sociedad en general.

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